¿Qué pasó ayer?


 

Me refiero al título que recibió la película denominada “Hangover”, si bien su traducción más correcta precisamente inexacta debido a la paradójica condición del estado humano al que se refiere. En México, Cruda (sí, con mayúsculas por la importancia del término); en España, Resaca; en Francés, Güelle du Bois; y tan sólo sin salir de la lengua castellana podría encontrar una infinidad de términos –todos ellos muy pintorescos y propios de su geografía – que se refieren prácticamente a la sensación del día siguiente después de haberle pegado al frasco con singular alegría e intensidad. En lo personal me inclino por el concepto de sentir el clavo en la cabeza, que en realidad hace referencia a cierto santo martirizado por haber privado en algún país fuera de reinos cristianos en la Edad Media… (¡San Pantaleón!). Que no en balde se también se le conoce en el underground cristiano como “el que se apiada de todos”.

 

Poca literatura abunda sobre el tema, afortunadamente la que hay es buena, grotesca, e insensata, nada mejor que la ironía para quienes suelen vivir con relativa frecuencia el día después. Y volviendo a la película, que puedo considerar una referencia – casi un documental – debo decir que ha sido una película memorable con notable calidad sobre todo por el retrato que de la situación hacen ciertos fotogramas. Algo no muy usual en películas de este tipo. Recordemos que si Porky’s fue memorable, al igual que la saga de la Venganza de los Nerds, no fue precisamente por su calidad fotográfica sino por su toque de humor universitario kitsch, que en el fondo representaron una crítica contra el mainstream universitario de los Estados Unidos en los años 80’s – una memorable época donde se forjaron los más aguerridos miembros del Partido Republicano. Literal: aguerridos. Ya menciono estas películas, a simple vista se basan en continuas juergas escolares donde abunda el alcohol en compañía de los amigos y en general, fiesta, un elemento esencial que representa por sí mismo la primera condición de causalidad para que exista el día después.

Si en la fiesta te ofendí, en la Cruda me sales debiendo – afirma el popular refrán mexicano. Cierto. Creo que la euforia del alcohol, al menos entre quienes lo beben, genera un estado eufórico que prácticamente te convierte en un héroe mitológico – alguna vez todos lo hemos sentido. En ese momento todo es alegría, mientras corran los ríos de vino y cerveza, la música, el ambiente y la buena compañía, mejor aún. Incluso uno termina durmiendo con esa sensación de la cama voladora… Sin embargo, a posteriori uno vuelve a la más miserable de las condiciones humanas: dolor, sed y hambre. ¿Acaso hay peor estado que esas moiras juntas? En fin, hasta ese momento y en la muerte, todos somos iguales – ¡que no te engañen con esa idea de que todos nacemos iguales porque no es cierto y ejemplos sobran (la vida no es fácil: abre los ojos)! Así, con tal crudeza uno vuelve a la realidad y a los más básicos instintos de supervivencia lo cual ya en sí es la Resaca con todas sus letras, lo que se haga después, los niveles de sensibilidad y la supervivencia depende mucho de que tan controlados tengamos nuestros demonios internos y que tan bien dominen a los caballos.

De hecho eso me deja tema para otra entrada en el futuro. Reconozco, escribo desayunando e inspirado; sin embargo, no estoy crudo pero sé que lo estaré y veré si puedo escribir.

 

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About Alejandro O.

Internacionalista mexicano.