Uno de enero, dos de febrero, tres…


 

Tres hombres, no. Tres universitarios fuera de su país deciden reunirse en un punto, en cierto lugar de la península, al norte y llegando desde puntos distintos. El resultado es predecible si sólo son ellos pero en esta ocasión el lugar juega un papel decisivo, no estar aquí sino ser ahí. El ambiente se percibe desde lejos, huele a fiesta, se oye y vibra, aunque formalmente no se hayan iniciado los festejos. Vamos al consistorio  ¿qué diablos es eso? – se escucha.

Por todos lados el blanco y el rojo iluminan fondos grises, calles húmedas y empedradas que se debaten por llamarse en uno u otro idioma, repletos de personas que van y vienen, gritan y festejan: americanos que emulan a Hemingway y algunos otros menos valientes. El bullicio, voces incomprensibles y esa tensión, preámbulo de catarsis, anticipa lo que viene. No se requiere más que llevar algunas monedas (y una tarjeta bancaria por si las dudas) para disfrutar del festejo, ni siquiera una mochila o bolsa, nada. Tu mismo, tu actitud y ya, sobre todo actitud. El verano no puede arder más que en Ibiza, se decía, mis amigos demostraron lo contrario.

Para empezar la fiesta no hacían falta 50€, tan sólo 3€ y con ellos comprabas tu pasaporte a la diversión (materializado en una litrona de cerveza, una botella de sangría y una más de sidra, panchitos de cortesía). No importaba, los telebancos sobran y el euro de nuestro lado está. De día, conocimos la ciudad y de noche la vivimos. No éramos unos burgueses, sólo estoicos que vivimos del austero alimento de nuestra fiesta, del agua de las fuentes y nosotros per se. Posiblemente también de un par de servicios y el abuso de los mismos en algunos restaurantes. Incluso llegamos a dormir en la intemperie, expuestos a todo tipo de fauna humana.

Un evento tal podría resultar incomprensible sin haber consultado la referencia obligada. Ya no éramos un rockstars, esto va más allá y posiblemente no logre definirlo aún. El encuentro con el toro es más que una alegoría y el hecho de correr advierte ya una categoría ontológica. No hubo fatiga, hubo vida. Perdidos, tirados, montados, espabilados, despeinados, manchados de vino y sucios, nos forjamos, caímos y nos levantamos. No sólo eso, volamos en un carrito de supermercado… rompimos e hicimos, nos amaron como nos odiaron pero sobre todo, vivimos para contarla…

“Uno de enero, dos de febrero, tres de marzo, cuatro de abril

Cinco de mayo, seis de junio, siete de julio San Fermín

A Pamplona hemos de ir con una media, con una media.”

 

 

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About Alejandro O.

Internacionalista mexicano.