Difícilmente me arrepentiría…


 
[Todos me dicen el negro Llorona,
Yo soy como el chile verde, Llorona,
Picante pero sabroso,
Tápame con tu rebozo Llorona porque me muero de frío.]
 
 
 
 
Es cierto, después de reflexionar sobre lo que ha sido el último año puedo decir que el balance es muy positivo. El origen de mi decisión de volver a Madrid obecede a más un simple deseo de querer ir y se subordina a razones que van de las menos prácticas a las más egoístas. De uno a otro extremo parece no haber relación, al menos no hasta que me de a explicar de una sola vez. Pienso sobre la manera que tuve de ver las cosas hace un año, mi actitud irónica se acompaña de una malevola sonrisa de lado, tomo un poco de agua y vuelvo a sonreir, burlandome de todo y sacudiendo las raíces de la entonces moral en turno… Porque si Moral, es un árbol que da moras… al menos así se dice, ¿por qué no talarlo?
 
La irreverencia llegó de la mano, más bien disfrazada de mujer, ¡no!, al menos intentó engañarme vistiéndose de inocencia. Llegó por sopresa. Exactamente no sabía de quien se trataba, llegaba por referencias del Suizo Loco, y por razón de ellas arribó no precisamente al mejor lugar de la Ciudad de México: la Central de Autobuses del Norte. Así pues sin mayores pistas que encontrar a una suiza, traté de localizarla. De repente, casi al dar por perdido el intento, una mano por derás me llamó, era ella. Cuando la ví, sonreía con cierto nerviosismo, cargaba sobre su pequeño cuerpo, una mochila con la que cualquiera podía pensar que pretendía dar la vuelta al mundo. Confieso que en ese momento supe que pasaría algo. Así la "pétite suisse", como la llamaré de aquí en adelante, y yo nos dirigimos al coche y nos dirijimos a lo que en aquel tiempo solía llamar mi "cueva".
 
Tengo que destacar que por aquella temporada, estaba yo muy metido en un trabajo de oficina, en cierta Secretaría de Estado, de cuyo nombre no quiero acordarme. Durante mi estancia en dicha oficina, comenzé una relación con una universitaria en prácticas profesionales, a quien llamaremos la "pequeña ninel conde", la referencia es que se parecía a ella en todo con el único detalle de ser pequeña de altura. Creo que con cierta pena debo aceptar que me habitué a la rutina y pensaba en mis horas largas, que en mí algo extraordinario tenía que sucederme, a veces me limitaba a pensar desde una privilegiada vista que la oficina tenía la ciudad en como debía darle sentido a lo que hiciera. Sobre todo después de haberme topado con pared, ante una prueba que había esperado desde que inicié la carrera: Patéticamente deprimido, diría que me encontraba. Aprisionado por el yugo de la corbata en la cárcel de la rutina sin sentido.
 
Llegamos a casa, se duchó, la familia preparaba una bienvenda. Previamente, durante el largo camino desde el norte hasta el centro de la ciudad estuvimos hablando, nos presentamos entre una mezcla de francés, español e inglés. Mencionó ella, que me identificó gracias a una foto que le había dado el Loco Suizo, no precisamente una de las mejores… no por la fotogenia, sino porque tomó una de aquellas en donde aquel y yo traíamos encima la cara que se trae después de tres continuas fiestas erasmus. Justo el tiempo en que tardé entre poner el primer punto y seguido de este párrafo y estas líneas, ella tardó en salir del baño. Comimos con la familia, los mexicanisímos sopes de mi madre, quien no vió con mucho agrado el saber que se quedaría conmigo y más aún, el sacrilegio para ella, de rechazar la carne…  Claro, que para ver el fondo de todo ello, no había que ser muy listo y sólo dejarse llevar por el mal-pensamiento para acertar. Enfilamos el camino del rock hacia Coyoacán, ahí comenzaría todo.
 
Dejamos que la ciudad nos cautivara por dos días, comimos lo más vegetariano que la gastronomía local nos ofreció. Con cerveza en mano y la otra al volante, visitamos el estudio de Diego Rivera, nos sedujo el desayuno francés en San Ángel, se sorprenió en el zócalo y el Palacio de Bellas Artes la hipnotizó, mis explicaciones la cautivaron. El ambiente electoral previo al 2 de julio estaba en su cénit. Atenta, escuchaba mis razones de porque había que votar por uno. Mi idealismo, justo lo que esperaba, llegaba con sus conversaciones. Una de esas noches, llegamos a la Condesa, para nuestra suerte la mesa más hechizante del Malafama estaba en la segunda planta esperándonos. Sin mayor preámbulo me reveló que esa noche celebraríamos su cumpleaños 21, con la misma espontaneidad pedí que nos trajeran un albariño. No sé exáctamente en que momento sucedió ni como, pero ya estabamos los dos más unidos de lo que nos imáginamos ese día. De repente las mesas de billar y el humo, se abrieron como un escenario justo detrás de nosotros, fundidos en un beso. Sabíamos con gusto que estábamos dirigiéndonos a una aventura de verano…
 
[Si te cuentan que me vieron muy borracho,
orgullosamente diles que es por tí
Porque yo tendré el valor de no negarlo…]
 
 
Lo que pasó, pasó. Al otro día, me despertó tempranísimo y no recordaba mi promesa de llevarla a Teotihuacán. Con resaca y verla, sentí que estaba en una especie de paraíso nebuloso. Con la pesadez del mi post-etilíco estado me bañé, ella ya estaba lista. Fuimos a desayunar algo tradicional, justo para la resaca lo más tradicional para mí y gourmet para ella. Con el calor de la temporada, logré hacerme de una coca-cola y así, enfile el largo camino hacia la ciudad más allá del moribundo Lago de Texcoco. Con una velocidad de miedo, rápidamente llegué al estacionamiento del monumento… advierto –no hacerme enojar cuando me encuentro en este estado– pagué con cierto disgusto la tarifa de entrada y así, entramos. Decir que fue una visita romántica, sería burlarme de mí mismo. Desde mi punto de vista, rijoso, sólo estaba contento de llevarla… las pirámides se me hacían enormes montículos que torturarían mi ya de por sí castigada humanidad. El castigo de los dioses, ir crudo. El calor, los guías-mercantes me vieron como una víctima a la cual por lo menos podrían extraerle $100 pesos mexicanos en botellas de agua… Motivado por ella, logré ascender casí muerto la Pirámide del Sol, contemplar mi hazaña y verme junto a ella, al menos medio vivo. Sugerí, no subir  la de la Luna… pero de alguna forma –que no puedo mencionar– logró convencerme de subir. Jamás el intermezzo entre ambas pirámides había sido tan estimulante. Regresamos a casa, esa tarde esperaba dos visitantes en casa para hacer una minifiesta, llegaron y la armamos en grande, al quedarnos solos a mitad de la sala, con dos copas y la música, nos besamos bailando.
 
A la mañana siguiente, nos dio por llamar a España. Del otro lado del mundo estaban el Suizo Loco, Rumuru-the-One y dos chicas más (Tomik y Romik). De alguna forma, algo nos mantenía unidos. ¿Habrá sido la fiesta? Posiblemente, ellos ahora celebraban y bebían aquello que comenzaron a llamar como la Bebida del Siglo, de la cual sólo sé que tiene Whisky y Fuego como ingredientes. Ese día, ante un enojo anticipado de media comunidad… había extrañeza por mis constantes faltas a la oficina, los reproches se hicieron presentes y de nuevo me atraparon por el cuello con la corbata. A cambio, rechacé irme con la pétite suisse a Taxco. Esa mañana, yo enfundado en el traje y ella lista para irse en la terminal del sur. Le recomendé irse a un par de lugares, revisó para constatar su Lonely Planet (la guía más pseudoalternativa que puede existir). Regresé al trabajo, expliqué a mi jefe la situación… a lo que respondió que mejor le hubiera dicho y no había ningún problema de faltar sí era por una suiza de visita en México, menos mal. Ahí estaba la pequeña ninel conde, con sus 21 años igual, sumisa, resignada y limitada a su mundo local, no más allá de un par de acapulcazos como mucho; imposible no comparar. oY al mismo tiempo no dejaba de pensar en la pétite. Me reproché jamás dejar ir una oportunidad así nuevamente. Por la noche fui a recogerla, sin más pasamos a casa, nos bebimos una botella de Vodka mientras cenamos y nos fuimos a una fiesta, previamente acordada con los amigos.
 
[Bonito Pinotepa, no soy coplero y te estoy cantando,
porque nació en tu suelo la morenita que estoy amando,
me gustan tus mujeres, por eso aunque no sepa,
yo seguiré cantando: ¡Viva la Costa con Pinotepa!]
 
 
 
De nuevo, la irreverencia se hizo presente, ignorando cualquier reproche proveniente de la familia. Con ella en el coche, fuimos a una fiesta organizada por cierto candidato a diputado, en una zona con muchas colinas del poniente de la ciudad. Con la misma rapidéz por la ciudad, hicimos una escala en un Oxxo, compramos suministros para nuestro diablo guardián, de los cuales al llegar…. sólamente nos quedaba la mitad. Estacionar el coche no fue difícil. No obstante, parecía un mitín partidista pues todos los coches llevaban los distintivos de su partido. Al interior, una casa albergaba tres distintos ambientes y un sin fin de personajes, agregados e invitados, al fin y al cabo todo fue gratis. Esa noche la terminamos en al menos diez lugares más. Horas después aparecimos en la Plaza de la Constitución, supongo que bajamos por todo el Paseo de la Reforma hasta el centro de la Ciudad. Un asta bandera fue testigo de nuestro plan de fuga, la luna agonizante y los primeros rayos de sol, fraguaron nuestro plan, irme con ella a la Costa de Oaxaca. Llegar a casa, preparar todo para la huída, dejarla en la terminal y yo irme a la oficina, como normalmente hubiera hecho, salir temprano y alcanzarla en la Ciudad de Oaxaca.
 
 
[Cuentan que en Oaxaca, se toma el mezcal con café,
dice que la hierba le cura la mala fé
a mi me gusta el mole que soledad me va a moler…]
 
 
Siguiendo nuestro plan, con precisión suiza, cumplimos con la cita: Kiosco de Oaxaca a la hora acordada. Conforme al plan, había pagado la noche un hostal de la calle Fiallo (de acuerdo a mis instrucciones) y tenía los boletos para irnos a Mazunte a la mañana siguiente. La complicidad nos mantuvo unidos más tiempo de que supusimos. La noche fue más corta de lo que hubiéramos querido. El autobús, nos sirvió para continuar con nuestras fechorías. Al llegar, el mar rebozante y el aroma a sal en la brisa, nos daba la bienvenida. Pronto el calor húmedo nos hizo llegar con la playa más solitaria y paradisiaca que justo esperamos encontrar y una modesta cabaña con una sola hamaca y una regadera, se convirtió en nuestro refugió por las siguientes dos noches. Solos en esa playa, desnudamos más que las almas. Al natural, gozamos los placeres del lugar. Las noches estrelladas se convirtieron en testigos de nuestras más profundas expresiones. Exploramos los sentidos más allá de los límites de la imaginación y escuchamos el murmullo del mar bajo la luz de unas velas. Dos extraños que nada tienen que hacer, se encuentran en un lugar inimaginable y unidos por la casualidad.
 
Pasamos la última noche en Oaxaca Ciudad, me propuso seguir con la aventura hasta donde llegáramos. En su itinerario seguía Chiapas, Yucatán y Quintana Roo, para después brincar a Cuba, donde pasaría un mes más. Sabía que esto tenía que terminar así, y uno de los mejores momentos de mi vida, agonizaba el peor lugar para hacerlo. Hoy pienso que quizá sí no fuera por ello, difícilmente lo recordaría como ahora. La congestionada terminal de autobuses, una luz blanca y mucha gente, los tableros anunciando las salidas y una ajetreada fila. Sin más, con un beso nos despedimos… mantendríamos el contacto y así sembraba en mí, la posibilidad de replantearme volver a la seductora incertidumbre.
 
[I sit and wait
does an angel contemplate my fate
and do they know
the places where we go
when we´re grey and old
´cos I´ve been told
that salvation lets their wings unfold
so when I’m lying in my bed
thoughts running through my head
and I feel that love is dead
I’m loving angels instead]

 
De repente la pequeña suiza, se convirtió en el ángel suizo que esperaba. Regresé con la firme convicción de volver a la esencia que tanto trabajo me había costado lograr. Desde ese momento incié a plantearme la posibilidad de irme de México y al final, no fue por ella en absoluto, sino por mí mismo y nadie más. Siempre le agradeceré ser la chispa que inició una revolución en mi vida y así la recordaré.
 
Ese mismo año de 2006, en noviembre, nos volvimos a ver en el Aeropuerto de Ginebra. y cambiamos la Condesa por el Carrouge. Corresponderle la visita y verla de nuevo era confirmar nuestro compromiso. El final de la historia es feliz, afortunadamente la escribimos los vencedores y estas líneas dan testimonio de ello. Por eso difícilmente me arrepentiría de las decisiones que hasta hoy he tomado.
 
 
Alejandro Omar
 
Brindo por ella, C.R. a tu salud!!
 
 
Nota: las fotos que he puesto para esta entrada corresponden al período en cuestión
 
 
El Personaje de la Semana: Xavier Velasco, tuve la oportunidad de platicar con él un poco, admito que en un principio fui severamente crítico con él, aún frente a él matuve discretamente mis posturas. Descubro un escritor simpático, abierto y que desafortunadamente, mucha gente que debería de conocerlo, al menos por tener la capacidad de comprar sus libros, lo desconoce. La cultura no debe ser distintiva de las élites.
 
 

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About Alejandro O.

Internacionalista mexicano.