Jamás pensé en volverte a ver, era improbable coincidir hasta ahora porque después de aquella agria despedida cuando rompimos toda posibilidad de volvernos a encontrar, el tiempo puso la distancia y nosotros un poco de olvido, ya han pasado 11 años desde aquella primera despedida y casi 7 desde la última vez que nos vimos por última vez en un casual y clandestino encuentro. Desde entonces sigues igual, conservas tu encanto y elegancia, o más bien yo te sigo viendo así. Claro que el tiempo no transcurre en vano y las decisiones nos han puesto en uno y otro lado del mundo, yo sigo soltero y tú… prefiero no preguntar pero el anillo que llevas en tu dedo me dice algo que quizá es mejor no saber. No temo a saber lo obvio, prefiero que este momento, los dos aquí, en un lugar improbable, sentados en una mesa, tomando café,entre la puerta 70 y 71 del Aeropuerto Charles de Gaulle, esta mañana fría, creo que también lo prefieres así porque aquí preferiste quedarte. El retraso de tu vuelo, mi necesidad de café por al mediodía nos pusieron en la misma fila de un lugar donde jamás hubiéramos pensado estar juntos nuevamente.

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Aeropuertos y despedidas.

Después de la sorpresa, platicando, percibo que conservamos algo de la complicidad que nos mantuvo juntos cierto tiempo. Sonríes de lado, ríes de mis viejos chistes, me miras con escepticismo cuando te cuento algún disparate. Hasta donde recuerdo, en la fiesta somos iguales; en política somos opuestos al igual que en el fútbol, tanto como que tu le vas al Barcelona y yo al Real Madrid, de equipos mexicanos mejor ni hablamos; tú eres idealista, yo no tanto; eres más discreta y yo tiendo a ser más extrovertido; tu estilo al vestir es impecable, yo me apego a mi principio de pragmatismo en la ropa aunque confieso que tus consejos al respecto están presentes; ya los dos usamos lentes y veo que cargas el más reciente libro de aquel escritor cuya primera obra galardonada te presté, también llevaste algo de mí, y con risa confiesas que aún conservas los libros que jamás me devolviste y ahora que lo dices, me llevo en secreto una pequeña victoria: saber que los leíste.

Como si se tratara de un cliché de cine, comienza a escucharse Si tu vois ma mère: estamos en París. Alguna vez soñamos con visitar esta ciudad juntos, a veces las cosas suceden de una forma u otra, insisto: aquí estamos, no de la forma en que imaginamos tampoco en el tiempo que imaginamos, es un juego del destino. Me sorprende que repentinamente te cambias de lugar para sentarte al lado, ahora los dos tenemos al frente un ventanal que nos permite mirar aviones aterrizando y elevándose. Guardamos silencio, disimulo mirar hacia la pista mientras noto que me examinas con la mirada como si trataras de descifrarme o leerme como si fuera un libro. Rompes el silencio recordando el desastre de nuestra primera cita, tus amigas, mis amigos, una gran noche; continúas recordando la vez que fuimos al cine para ver una irreverente película en la que me reí de cada chiste políticamente incorrecto, en efecto porque era una sátira a mi carrera, esa noche me odiaste. Tras el debate por la película, la discusión, la complicidad, también aquella vez que nos eludimos el mundo. La platica se pone buena, es difícil disimular que aún me gustas y tampoco eres buena para mentir, hay algo que te atrae de mí. Sigo siendo el mismo.

Las probabilidades, según las variables, son muchas. Tomarnos de la mano solamente me hace recordar las tardes caminando sin rumbo y bajo la lluvia, tú siempre perfecta aun en cola de caballo, yo siempre pasado de gel. De esas muchas posibilidades quizás omitiste ver la oportunidad, que no sólo buscaba dedicarme a una carrera sino también a tener una relación para siempre. La probabilidad y el ímpetu de la conversación nos llevaría al centro de esta ciudad, perdernos en cualquier barrio, elegir un buen bar y emborracharnos para besarnos, al otro día te puedo asegurar que tendríamos la mejor mañana y tarde para perdernos. Es tarde, lo sé. Comienzan a anunciar tu vuelo, dejas un billete, sales corriendo y te vas, elegante aún con prisas, te pierdes en mostrador y volteas a verme, eres la última en abordar, escuchaste tu nombre. Buena suerte.

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About Alejandro O.

Internacionalista mexicano.