Punto…


Textos y Palabras

Mañanas inspiradas por un café: notas, bitácora y las noticias del día

Una vez llegamos a su casa, ella se sintió mal, el resto de su familia se quedó en el restaurante donde estuvimos minutos antes –conduje lo más rápido que pude, durante todo el trayecto no dejó de tomar mi mano. Al entrar a la sala me pidió que me quedara, no era necesario porque lo iba a hacer. Nos sentamos, la abracé e inmediatamente puso su cabeza sobre mis piernas, tenía los ojos llorosos, se durmió y mientras lo hacía, observé cada detalle de su rostro: la forma de su cara, sus cejas, su boca, sus ojos cerrados e incluso hasta sus pecas. Me invadió una alegría que nunca antes sentí, un nudo en la garganta y una sensación de felicidad, continué esta contemplación hasta que llegaron sus padres con su hermano, subieron a sus habitaciones, pasaron las horas, anocheció y no me moví ni un solo instante. Cuando finalmente se fue a dormir, su padre me acompañó a la puerta, me agradeció todo el tiempo que pasé con ella y me despidió sonriente. Llegué a casa, dormí con cierta satisfacción, dormí bien. Al otro día, al salir de su casa se lanzó a mí con un abrazo y me dio uno de los besos que más recuerdo, sólo dije “te quiero… mucho”.

No, no es una historia cursi, es un recuerdo y en la memoria todo es pretérito perfecto simple, en los sentimientos no. Bien dice una amiga escritora, a veces un segundo en la mente puede durar años: palabras, gestos, complicidad y el tiempo que pasamos juntos a solas o con nuestros amigos, hablando por teléfono, escribiéndonos mensajes, en silencio, separados e incluso, discutiendo.

Creo que cuando dos personas se separan, la relación se parte en cuatro fragmentos: las personas que son; y las que dejan de ser. Al irse ella, también se fue una parte de mí, es difícil explicar. Desde el principio me gustaron sus virtudes, especialmente su inteligencia, aunque en realidad me enamoré de sus defectos, de ella sin atributos, su esencia. Tanto con unas como con los otros aprendí a quererla y no fue difícil, todo ello se reflejó con nuestras bromas, la intensidad para hablar de política y nuestras convicciones, los juegos, constantes planes y pláticas, hasta en aquellas cosas en las que nos descubrimos fanáticos. Felicidad plena.

¿Es posible correr aventuras sin meterse en problemas? – se pregunta cierto personaje de una novela de Xavier Velasco. A veces, creo. Dos personas comienzan a conocerse porque, en principio, se desconocen diría otro escritor. Ella apareció de la nada, bueno no del todo pero irrumpió en mi vida en un momento preciso, causalidad. Me la presentaron, la agregué en Facebook. Escribí un mensaje directo. Salimos. Volvimos a salir. Lunes, mi mal humor, ella escribe, me inspira, sus palabras en un mensaje fueron una arenga antes de la batalla y así día a día. Una conferencia. Después un café. Un día de trabajo complicado, unos tulipanes atados por un listón de color naranja, una canción. Un concierto. Una promesa. Un fin de semana tras otro. Todas las mañanas, ella y yo 7:45 a.m., una buena costumbre. Un partido de fútbol. La cena con mis amigos. Celebramos. La Navidad en la distancia, ella despierta mi espíritu navideño por primera vez en muchos años. Una tarjeta, varios regalos. Enero. Una prueba difícil. San Miguel de Allende. La complicidad. Un error. Su apoyo. Su tesis,  su confianza. Sus negativas, mis negativas. Fines de Semana. Febrero. Discutimos. Marzo, su cumpleaños. Un viaje. Otro viaje. Regresa. Un viaje fallido. Discutimos y nos borramos de Facebook. Falló la gestión de crisis, no nos resolvimos.

Una café y mis notas

Café, tinta y papel

Borrarse de esa forma es demasiado fácil y la realidad no es así, ojala lo fuera. Escribir, el acto de valentía, ya demuestra algo de esa complicación y de lo difícil que fue estar sin ella. El mal humor vuelve y los vacíos surgen hasta en lo más superficial. Mi rutina cambió, conduzco en solitario a alta velocidad, mi mirada cambió, hay furia, recuerdos, tristeza, es el momento cuando acelero sin importar los límites. Los lentes obscuros disimulan bien unos ojos irritados. El alto volumen y el ruido provocado por la velocidad diluyen mis pensamientos después de darme cuenta que ella ya no está. Ella no volverá a ese lugar, privilegiado, que le di. Nunca más la veré salir de su casa ni me recibirá con un abrazo, nada de eso se repetirá. Durante los primeros días escribí a dos manos: en una mano mi furia –que no es con ella sino conmigo- y en la otra, una pluma. Dicen que he cambiado, dicen que la quise, dicen que la olvide, dicen que es normal, dicen que sólo es tiempo, dicen…

Detalles y símbolos

Una representación a escala del Empire State de Lego

Sentimientos negativos hacia ella, imposible. Muchas de las palabras que escribí, se las dije, no fui convencional ni haría cosas convencionales por ella. Sorprenderla, hacerla sonreír cada día fue mi manera de materializar el significado que para mi ella tuvo. Existieron metáforas que se plasmaban en cada acción, cada detalle, cada palabra escrita, cada lugar en el que estuvimos, cada vez que la miré a los ojos pare decirle algo y cada momento que nuestras manos entrelazadas se tocaban, cada abrazo, en cada brindis que hicimos por el futuro y en cada beso desesperado.

Escribo estas palabras con la intención de poner un punto final. Sin embargo, nunca descarto las posibilidades y el azar, siempre es posible escribir un capítulo nuevo a una historia que ya terminó pero a mi no me corresponderá escribir esa primera letra, es probable que tampoco tenga la intención, nunca suceda y todo se vaya diluyendo en nuestras memorias. El destino podría hacer coincidir nuestras voluntades -su voluntad- por convicción, nostalgia, recuerdo o simplemente azar. Soy franco, eso improbable porque así es la vida y fue una suerte encontrarnos. No existe un final idóneo para cada historia, lo demuestra la última vez que estuvimos juntos.

Hoy escribo con una sonrisa recordando nuestras travesías por la ciudad y una larga lista de buenos momentos. Sólo puedo concluir que gracias a ella descubrí mi capacidad para amar y sentir, mi generosidad y que puedo improvisar momentos memorables. Fue un tiempo entrañable, puedo estar satisfecho por todo lo que dije y sentí, también por lo que escribía, por todas esas canciones que dediqué y todo motivado por una chica maravillosa que iluminó un momento especial de mi vida, una persona que nunca olvidaré, una mujer excepcional. La quise y mucho, lo sabe. Estoy seguro que volveré a experimentar todas estas sensaciones, dedicaré más canciones, escribiré y amaré a quien me vuelva a inspirar. La vida sigue y continuará sorprendiéndome.

Todos me dicen el negro, llorona, negro pero cariñoso,

yo soy como el chile verde llorona, picante pero sabroso…

[La Llorona – Canción popular]

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About Alejandro O.

Internacionalista mexicano.